
Querida y preciosa sangha:
Contemplando la terrible situación en la que se encuentra el mundo, podríamos dejarnos arrastrar por el desánimo y sumirnos en la melancolía a poco que nos descuidemos. Pero lo cierto es que los acontecimientos de estos tiempos convulsos, por desafortunados que nos parezcan, nos brindan innumerables oportunidades para ejercitar nuestra compasión y paciencia. En este sentido, este 2026 promete ser una fuente inagotable de inspiración para nuestra práctica espiritual. No nos queda más remedio que respirar —conscientemente— y ponernos a la tarea.
Todo es impermanencia. Todo cambia. Y nuestra mente debe ser entrenada para aprender a fluir y a aceptar todo lo que ello implica. A poder ser, con una sonrisa y un corazón cálido siempre dispuesto a trabajar por el bienestar de los demás. Quejarnos no sirve de nada.
Así que, en este año que está apenas comenzando, nos hemos preguntado qué podíamos hacer para adaptarnos mejor a la realidad que nos ha tocado vivir. Sobra decir que la forma de comunicarnos entre nosotros ha cambiado de forma radical; las redes sociales juegan ahora un papel determinante como punto de encuentro. Sería muy fácil caer en la tentación de criticar la asepsia emocional que a veces implican las relaciones virtuales, pero la difusión y práctica del Dharma, nuestra razón de ser, deben estar disponibles allí donde son demandados. Si se considerara que falta calidez en el contacto con los demás, preguntémonos cómo podríamos potenciarlo. El trabajo en el cojín de meditación es muy importante y necesario, pero hace falta algo más. Hace falta pasar a la acción, llevar la práctica a lo cotidiano.
Con este espíritu, que, además, nos llega con el nuevo Año Tibetano del Caballo de Fuego (ímpetu y energía), nos proponemos aumentar y consolidar nuestra presencia en las redes sociales, y de este modo estar más presentes para aquellos que buscan en las redes el refugio en el Buda, aun sin saberlo. Con este objetivo, publicaremos periódicamente en nuestros canales de Whatsapp, Instagram y Facebook, contenido relacionado con nuestra actividad y el Dharma. Serán mensajes muy breves pero inspiradores, replicando la concisión propia de las redes sociales. Pues el Buda, por supuesto, también está en estos espacios virtuales gobernados por los algoritmos.
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¡Nos vemos en las redes sociales! Que sea por el bien de todos los seres.
